
Meandro do Vale Meão 2021
Quinta do Vale Meão - Douro
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El valle del Duero, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una región vinícola de una belleza sobrecogedora y una historia milenaria. Sus escarpadas laderas, esculpidas en terrazas de piedra seca a lo largo del río Duero, crean un *terroir* único. Aquí, el clima mediterráneo continental, con veranos cálidos y secos e inviernos fríos, junto con suelos de esquisto, propician el cultivo de uvas de gran carácter. Variedades emblemáticas como la Touriga Nacional, Tinta Roriz (Tempranillo) y Touriga Franca son las reinas indiscutibles, responsables de la estructura, el aroma y la longevidad de sus vinos más célebres. La historia de la viticultura en el Duero se remonta a tiempos inmemoriales, con evidencia de producción de vino desde la época romana. Sin embargo, fue en el siglo XVIII cuando la región se consolidó como productora de vino de Oporto, el vino fortificado que la haría mundialmente famosa. La creación de la Real Compañía Vinícola del Alto Duero en 1756, promovida por el Marqués de Pombal, fue un hito crucial para regular la producción, asegurar la calidad y proteger el nombre de la región, sentando las bases para el reconocimiento internacional. Lo que hace al Duero verdaderamente singular es la simbiosis entre el hombre y la naturaleza. Las imponentes terrazas, construidas a lo largo de siglos de arduo trabajo manual, no solo definen el paisaje, sino que también optimizan la exposición al sol de las vides y previenen la erosión del suelo. Esta adaptación al terreno es un testimonio de la resiliencia y el ingenio de sus gentes. Además, la transición reciente de vinos de Oporto fortificados a vinos tranquilos secos, tanto tintos como blancos, ha ampliado el espectro de su excelencia, demostrando la versatilidad y el potencial evolutivo de esta región histórica. Una anécdota entrañable ilustra la importancia del Duero para el vino de Oporto: se cuenta que durante las intensas lluvias de principios del siglo XIX, los barcos que transportaban el vino hacia Oporto a menudo no podían navegar. Los viticultores, desesperados por llevar su preciado cargamento al mercado, comenzaron a añadir brandy al vino para conservarlo durante el largo y arduo viaje, dando así origen accidentalmente a la técnica de fortificación que definiría al vino de Oporto tal como lo conocemos hoy.

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